“Sacha nos daba tema de conversación. Yo no me animaba a preguntar de su enfermedad, ni de su dieta, entonces le preguntaba por la dieta de Sacha. Ezequiel me contaba qué le daba de comer y cómo la cuidaba, de los libros que había leído para cuidarla bien. Se lo tomaba con absoluta seriedad, sabia muchísimas cosas de los perros del ártico, su historia y sus costumbres, y sus diferencias con los perros europeos.
Hablando de ella fue un día que me dijo:
- Uno de los motivos de los que quiero a este perro es por sus ojos. Desde que estoy enfermo la gente me mira de distintas maneras. En lo ojos de algunos veo temor, en los de otros intolerancia. En los de la abuela, veo lástima. En los de papa enojo y vergüenza. En los de mama miedo y reproche. En tus ojos curiosidad y misterio, a menos que creas que mi enfermedad no tiene nada que ver con que estemos juntos en este momento. Los únicos ojos que me miran igual, en los únicos ojos que me veo como soy, no importa si estoy sano o enfermo, es en los ojos de mi perro. En los ojos de Sacha.”
Hablando de ella fue un día que me dijo:
- Uno de los motivos de los que quiero a este perro es por sus ojos. Desde que estoy enfermo la gente me mira de distintas maneras. En lo ojos de algunos veo temor, en los de otros intolerancia. En los de la abuela, veo lástima. En los de papa enojo y vergüenza. En los de mama miedo y reproche. En tus ojos curiosidad y misterio, a menos que creas que mi enfermedad no tiene nada que ver con que estemos juntos en este momento. Los únicos ojos que me miran igual, en los únicos ojos que me veo como soy, no importa si estoy sano o enfermo, es en los ojos de mi perro. En los ojos de Sacha.”
Los ojos del perro siberiano -Capítulo 35 (Fragmento) - Antonio Santa Ana