12.1.09



Parecía un milagro que siguiera ahí, esperándome con los brazos tendidos para mí. Extendió la mano y mi corazón palpitó con inseguridad.
Bienvenida otra vez —musitó, tomándome en brazos.Me meció en silencio durante unos momentos, hasta que me percaté de que se había cambiado de ropa y llevaba el pelo liso.
¡Te has ido! —le acusé mientras tocaba el cuello de su camiseta nueva.
Difícilmente podía salir con las ropas que entré. ¿Qué pensarían los vecinos? Hice un mohín.—Has dormido profundamente, no me he perdido nada —sus ojos centellearon—. Empezaste a hablar en sueños muy pronto.
Gemí.
¿Qué oíste?—Los ojos dorados se suavizaron.
Dijiste que me querías.
Eso ya lo sabías —le recordé, hundí mi cabeza en su hombro.
Da lo mismo, es agradable oírlo.—Oculté la cara contra su hombro.
Te quiero —susurré.
Ahora tú eres mi vida —se limitó a contestar.No había nada más que decir por el momento. Nos mecimos de un lado a otro mientras se iba iluminando el dormitorio.