10.7.09

Tiempo de fe

Un claro y cálido día de verano, en Cortona, Italia, después de andar varios kilómetros colina abajo para echar un último vistazo a un prado cubierto de girasoles, volví sobre mis pasos subiendo la colina, consciente de que tal vez era el último día de esa estación en que tendría la oportunidad de fotografiar esa masa de brillantes rostros amarillos vueltos hacia el sol. Parecían una verdadera orquesta, afinada y lista para que el director diera comienzo a esta sinfonía de color que estalla por todo el valle.
Mientras me afanaba colina arriba, por el sinuoso sendero que me conducía a "casa", el calor pareció más intenso que de costumbre, y la subida, más larga y empinada qur nunca. Poco después, llegué a una hilera de altos cipreses que bordeaban el camino en forma regular. Sus largas formas cónicas proyectaban una densa sombra, provocando un sensible y drástico cambio de temperatura. Empecé a anhelar esos sitios que son refugio del ardiente sol, y el Señor trajo a mi mente ese fragmento de las Escrituras que conozco hace años, aunque nunca le había prestado una atención especial. En el Salmo 121, 5, se nos dice: El Señor es Quien te cuida; el Señor es Quien te protege, Quien está junto a ti para ayudarte. ¡Qué siginifiacdo diferente tuvo entonces la sombra para mí! De esa manera, el Señor estaba demostrándome cómo protege el trabajo de mis manos con Su sombra y Su cuidado. ¡Qué vasta diferencia crea esa sombra Suya!
"Laura Lewis Lanier"